THE ASWED WALLS

Transeunte admira mural de jose gregorio Hernandez

ART PROYECTS

“Un mural necesario, un mural que la ciudad y la gente merecía”

Un mural importante, un mural que me conectó con la gente y me enfocó totalmente en el observador y su fe, una obra dedicada a uno de los venezolanos mas importantes que han existido.

José Gregorio Hernández (1864–1919) nació en Isnotú, un pequeño pueblo andino donde la neblina abraza las montañas como si guardara un secreto de luz. Desde joven mostró una curiosa mezcla de rigor científico y misticismo sereno, un hombre que observaba el microscopio con la misma devoción con la que miraba el alma humana, sus estudios en Europa lo conectaron con las corrientes más avanzadas de la medicina, pero su corazón siempre volvió a Venezuela, a sus calles humildes y a la gente sencilla que mas que diagnósticos, necesitaba esperanza.

Conocido como “el Médico de los Pobres”, recorrió Caracas a pie, llevando consigo un maletín austero y una inmensa compasión, curaba cuerpos, pero también acompañaba espíritus; ofrecía ciencia, pero también consuelo, su figura encarna ese raro equilibrio entre conocimiento y bondad, entre lo terrenal y lo trascendente, entre lo físico y lo espiritual.

Su dolorosa partida en 1919 dejó una herida colectiva, pero también un símbolo que se multiplicó en la fe popular. Para muchos, José Gregorio no solo fue médico, fue un puente entre la ciencia y la espiritualidad, entre la fragilidad humana y la búsqueda de lo divino, no hizo falta beatificación o santificación alguna, que ratificara a un Santo que se gano la fe y el amor de muchos corazones.

Hoy su historia continúa viva en murales, altares urbanos y devociones silenciosas. Representarlo es entrar en ese espacio donde la luz toca lo humano, donde la vida cotidiana se roza con lo sagrado. Es pintar no solo un rostro, sino una presencia que sigue caminando entre la gente, donde cada espacio donde se representa se convierte en un receptáculo para la FE y el amor.

mural José Gregorio Hernández valencia centro colorido spray aswed

Tecnica: Spray Sobre Pared

Dimensiones: 6m x 2,4m

Ubicación: Capitolio, Valencia, Venezuela.

“El medico cura, pero el que salva es Dios.”

BITACORA DE DISEÑO

PROCESO Y ENERGÍA DEL ENTORNO

 En esta ocasión, la obra no exigió una bitácora formal; el verdadero registro se dio en tiempo real, a través de la interacción directa con la comunidad. La energía de las personas funcionó como catalizador creativo, permitiéndome abrir tanto la mente como el corazón para canalizar esa fuerza colectiva hacia el muro. Cada transeúnte que reconocía la figura homenajeada se detenía a compartir su historia, su “milagrito”, o algún vínculo afectivo con la imagen. Este intercambio generó un circuito emocional recíproco, mientras más intención y sensibilidad depositaba en la pared, más retornaba a mí en forma de gratitud, memoria y fe popular. Fue un recordatorio de ese afecto genuino que la calle devuelve cuando se le ofrece arte con autenticidad.

 

UN ESPACIO IMPOSIBLE

Durante más de tres meses estuve en la búsqueda de un soporte adecuado para esta obra, un muro con la capacidad simbólica y espacial de sostenerla y, al mismo tiempo, generar una conexión profunda con el espectador. Buscaba un lugar que permitiera que la pieza trascendiera incluso si algún día desaparecía físicamente: un espacio que permaneciera en la memoria colectiva por su pertinencia y su fuerza.

Sin embargo, ningún muro reunía las condiciones necesarias para un proyecto de esta magnitud emocional y simbólica. Fue gracias al festival “Ciudad Mural” y al apoyo del gobernador del estado que se autorizó intervenir un espacio que, en cualquier otra circunstancia, habría sido inaccesible. Paradójicamente, este “espacio imposible” resultó ser el escenario ideal: a pocos metros se encuentra un santuario dedicado a San Goyito, lo que dota al lugar de una resonancia espiritual y contextual que eleva la lectura del mural y lo integra de manera orgánica con su entorno.

EL MURO

 El muro, de formato horizontal extendido, presentaba inicialmente una dificultad compositiva debido al mobiliario instalado en el centro del plano visual. Tras analizar el flujo de recorrido del espectador, concluí que la pieza sería percibida mayormente en desplazamiento lateral, lo que me permitió relegar ese obstáculo a un segundo plano y trabajar la obra con una lectura continua y dinámica.

La composición se estructura a partir de un eje central dominante, ocupado por la imagen más icónica de José Gregorio Hernández —la de la estampita— utilizada sin variaciones para preservar su carga simbólica y su función como punto estable de atención. Esta figura actúa como ancla visual y espiritual, alrededor de la cual se despliega un sistema de símbolos organizados en equilibrio axial.

La aureola dorada funciona como elemento de jerarquía, generando un halo de énfasis que separa la figura del fondo. Este fondo, resuelto en una paleta de turquesas modulados, aporta movimiento vibratorio y profundidad atmosférica. De manera simétrica, las formas que aluden a las orejas del estetoscopio se integran como extensiones orgánicas del retrato, estableciendo un diálogo entre la figura humana y su vocación médica.

A la altura de los hombros se incorporan velas, trabajadas con sutileza para evitar competir con el rostro, pero suficientes para reforzar la dimensión devocional al personaje. En la zona inferior, el piano se inserta como un elemento biográfico esencial, equilibrando la composición y expandiendo la narrativa más allá del imaginario estrictamente religioso enfocado en un aspecto mas personal.

Finalmente, hacia los bordes superiores del muro, sobre masas grises diseñadas para estabilizar visualmente la zona alta, se disponen placas metálicas que evocan los exvotos del santuario de Isnotú, reforzando el vínculo entre iconografía, memoria y fe popular. La suma de estos elementos construye una lectura ascendente y envolvente, donde cada símbolo aporta capas de significado sin restar protagonismo al retrato central.

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